“Nos han restaurado las imágenes…”

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A raíz de la restauración de la imagen del Cristo de la Buena Muerte y la imagen de la Regina Pacis, la Cofradía me pidió que escribiera un artículo. Y ya que las memorias de restauración de dichas imágenes son publicadas en la revista oficial de Semana Santa, yo quisiera profundizar más en lo que es en sí una restauración de forma genérica.

Yo quisiera poder transmitir de forma sencilla lo que tenemos que pretender ante esta cuestión.

En la mayoría de las ocasiones, la gente tiene igual de claro lo que es una restauración artística, como lo que es una intervención quirúrgica. Es una situación en la que algo, en este caso alguien, entra en un quirófano enfermo, para salir curado.

En términos generales, éste será el resumen de los que entendemos por una restauración.

El problema llega cuando profundizamos en el sentido de la «intervención», ¿qué buscamos en ese proceso? ¿cuál es la finalidad de la intervención? ¿cuándo es necesaria esa intervención?

Ante estas preguntas es cuando tenemos que plantearnos un verdadero tratamiento de conservación-restauración.

En una encuesta pública al preguntar que era restauración, la mayoría recordaba el caso del famoso Cristo de Borja. En ésta, una señora había repintado un Ecce Homo.

Es posible que no tengamos tan claro lo que es en sí una restauración. Si una persona se sale con su vehículo de una carretera, será un accidente. Pero si lo empotra contra la joyería con intención de llevarse las joyas, será un robo…

Por ello, al contestar estas preguntas que lanzaba al aire anteriormente creo que podemos entender lo que verdaderamente es una restauración.

¿Qué buscamos en ese proceso?

Normalmente cuando planteamos una restauración es porque la imagen, debido a un deterioro producido por el tiempo, no está en condiciones para estar expuesta estéticamente, o como se decía antiguamente, «por decoro».

Por ello recurrimos a un restaurador profesional. Y, cuando un restaurador es profesional, es él el que tiene que tener claro el principio de mínima intervención, el respeto de la autenticidad del original y, en lo posible, en la reversibilidad de los procedimientos aplicados.

Por lo tanto, utilizando el mismo ejemplo de la operación, cuando una pieza tiene que ser intervenida, es por necesidad. No se trata meramente de una operación de cambio estético.

En general, cuando una pieza se restaura y el cambio es muy apreciable, normalmente se debe a que se eliminan de la obra intervenciones anteriores que ocultaban la originalidad de la misma. En el fondo lo que se elimina de este tipo de imagen son malas intervenciones en las que no se respetó el original a lo largo del tiempo.

¿Cuál es la finalidad de la intervención?

La finalidad de la restauración, como antes mencionábamos, no es únicamente estética. Lo que se quiere es devolverle su función original. Cuando se restaura una imagen lo que pretendemos es devolverle su valor, no añadirle nada nuestro. Durante mucho tiempo se pensaba que una restauración era dejar la pieza “nueva”. Esto profesionalmente está completamente superado.

Cuando se restaura una pieza y ésta recupera los colores y hechuras que su autor le dio cuando la realizó, no se pretende dejarla “nueva”. Si no dejarla como cuando el autor la hizo de “nueva” factura. Es decir, no debemos borrar los efectos del tiempo, que en restauración conocemos como “pátinas”.

Tanto es así que en ocasiones concretas debemos de valorar el mantener la pieza con total respeto, respetándola como nos ha llegado hasta nuestros días. Son piezas de un gran valor histórico y devocional en las que debemos respetar su fisonomía.

Y cuando hablo de no añadir nada nuevo, me refiero a nada creativo. Nosotros como restauradores no somos nadie para alterar la originalidad del autor, sea el que sea. Nuestro fin sería el de un mero ayudante de taller del autor, a veces varios siglos después.

En un proceso genérico de restauración, los pasos más comunes serian estos, que por supuesto son los seguidos tanto en la imagen del Cristo de la Buena Muerte como en la Regina Pacis:

• Limpieza

• Estucado y reintegración volumétrica

• Reintegración cromática

• Protección

En la limpieza se eliminaría a la imagen de todas aquellas suciedades que tuviera, como pueden ser polvo, humo, cera, contaminación ambiental, etc.

Diferenciando entre suciedad y pátina del tiempo. Que sería todo aquello que dé carácter e identidad a la obra.

En muchas ocasiones nos encontramos ante piezas completamente repintadas, en las que se eliminarían estas películas pictóricas añadidas.

Se estucarían aquellas zonas donde por alguna razón hubieran perdido los estucos, es decir por algún golpe, rasguño, quemadura, grieta, etc. Reintegrando los faltantes volumétricos de mayor grado, como podría ser un dedo, siempre y cuando tuviéramos la información necesaria para reproducirlo lo más fiel al original.

Una vez estucado se pasaría a la reintegración cromática, es decir, a dar color tan sólo a todas aquellas zonas o lagunas que no poseyeran su color original.

Para finalizar se le daría una película protectora.

Como vemos en este caso genérico de una restauración, no encontramos ningún punto en el que el restaurador ponga nada de su parte, a excepción de la técnica.

Recuerdo un folleto de los primeros restauradores licenciados, en los que advertía de las afirmaciones que nunca debería dar un restaurador profesional: “se la voy a dejar nuevo”, “le voy a poner unos colores preciosos” o “no se preocupe que la voy a dejar más guapa de lo que es”

¿Cuándo es necesaria esa intervención?

Existen situaciones en las que una restauración debe ser inminente, por un degrado grave o incluso por un accidente.

Pero en la actualidad los profesionales en restauración nos decantamos por una restauración-conservación.

Es decir, al igual que en medicina es tanto o más importante la prevención que la cura, en nuestro campo es totalmente equiparable desde un punto de vista artístico.

Los medios de restauración en la actualidad no solo competen el estado físico de la obra de arte, si no ha su estudio general para un mejor conocimiento de la misma y una conservación mas idónea en cada caso.

Las macrofotografía, microfotografía y otras técnicas de iluminación, la reflectografía infrarroja, las fluorescencia de ultravioleta, radiografía digital, Tomografía Axial Computerizada (TAC helicoidal) o una videoendoscopia nos pueden aportar datos hasta hoy desconocidos sobre el estado y los degrados producidos en piezas de gran valor.

Espero que mi artículo haya servido para que cuando alguien se plante “queremos restaurar la imagen” tenga una visión por lo menos más clara de lo que es una restauración profesional.


José Vicente Bonete Ruiz
Licenciado en B.B.A.A
Restaurador.

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